
Todas la comunidades de Madrugadores de Temuco estuvieron en la fundación de la Comunidad de Madrugadores de Lautaro, en la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen Ultra-Cautín, el sábado 19 de noviembre recién pasado, donde la fiesta tuvo como sello a la “Virgen Peregrina Madrugadora de las conquistas”.
Ha sido una maravillosa jornada, donde el Señor nos ha dado la oportunidad de servir, desde nuestras realidades de varones, con lo que somos y con lo no somos, con lo que tenemos y con lo que no tenemos, con lo que decimos y con los que no decimos, pero por sobre todo, con nuestra disposición a amar.
Nosotros los varones en esencia somos madrugadores, porque debemos madrugar todos los días de la semana para responder responsablemente a nuestros trabajos y obligaciones diarias, pero el día sábado, no madrugamos por una responsabilidad laboral, ni por un compromiso gremial, sino que nos levantamos de la cama en una acción heroica, dejando atrás todo el cansancio de la semana, movidos por el hambre o sed personal de encontrarnos con el Dios de las Madrugadas. Tal acción denota un movimiento, un cambio de estado o una transformación, una radicalidad y concretamente en esta dinámica, los Madrugadores responden, cada uno, según su estado a la expresión de los deseos de María: “Amo a los que me Aman”.
La madrugada es un acto de amor, que se da en movimiento, en un estallido del corazón, por eso constituimos una corriente de vida, que es similar al torrente sanguíneo, cuyo movimiento es vida. En este sentido, María se nos adelanta y nos encontramos con su amor. Ella necesita que nos pongamos en movimiento y que nos levantemos los sábados para ponernos en camino hacia su Hijo, nuestro Señor. El alfarero para modelar la vasija necesita que esté girando el barro para poder conformarlo. El barro necesita moverse para poder ser transformado, sólo lo puede hacer en movimiento, sólo mientras estamos amando la Virgen puede transformar nuestro amor en un amor más perfecto, cómo es el amor de Dios. Ese movimiento que iniciamos nosotros hacia Ella y hacia los hermanos es el que usa María a nuestro favor. Ese amor hacia Ella, demostrándolo en nuestra vida diaria, en esos pequeños sacrificios que hacemos por amor, en ofrecerle a Ella nuestras alegrías, María los usa para nuestra transformación. Ella es la primera que usa con nosotros la pedagogía del movimiento. Necesita de nuestro anhelo para amar más y mejor, para poder manifestar su poder y su bondad en nosotros, por eso dice: “Amo a los que me aman” pero no olvidemos que el barro amasado con finas manos y suaves movimientos necesita del calor del horno para endurecerse y ser útil.
La madrugada es el lugar donde María nos conduce al Taller del Maestro, donde los madrugadores llegamos el sábado, después de los combates de la vida diaria a encontrarnos con el Señor, quien en su inmenso amor, pone nuestras armaduras, corazas y espadas en la fragua, las golpea con el martillo, sobre bigornias y yunques, para reparar nuestras abolladuras, grietas y afilar nuestras espadas, de manera de transformarnos en un ejército de su amor, para ir a enfrentar los próximos 15 días hasta la próxima madrugada.
Conocemos esa maravillosa tierra: es la pradera asoleada con los resplandores del Tabor, donde reina nuestra Señora tres veces Admirable en la porción de sus hijos escogidos, donde retribuye fielmente los dones de amor manifestando su gloria y regalando una fecundidad ilimitada. !Es nuestro terruño, es nuestra Madrugada! (Cántico al Terruño del P. José Kentenich)
Miguel Madrugador




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