La perseverancia y fidelidad de los primeros a una actividad muy sencilla, madrugar para rezar en el santuario sábado por medio a las 07.00 de la mañana tuvo una fecundidad insospechada e inesperada, sólo explicable y entendible a la luz de una conducción e irrupción de la gracia de Dios.
Las comunidades que realizan su madrugada en algunos de los Santuarios o Ermitas de Schoenstatt lo hacen conscientes de las gracias especiales que la Sma. Virgen regala en esos lugares: la gracia del arraigo en Dios, la gracia de la transformación en Cristo, y la gracia del envío y fecundidad apostólica. Esta vinculación heroica al lugar de gracias –una de las motivaciones principales de los fundadores– es también expresión original de la fidelidad a la Alianza de Amor sellada por el P. José Kentenich con la Sma. Virgen y que dio origen al Movimiento de Schoenstatt.
María, Madre y Educadora, son rasgos propios de la modalidad en que Ella se manifiesta a través de toda la espiritualidad de Schoenstatt, y es lo que experimenta cada persona que peregrina a cualquier santuario de la Madre tres veces Admirable de Schoenstatt, independiente de su cercanía o no con el Movimiento.
El espíritu que anima a los Madrugadores y a cada una de sus comunidades está marcado por una profunda libertad y respeto a las individualidades. La relación entre las distintas comunidades se da en la unidad del espíritu, los vínculos personales y la coordinación organizativa.
Los Madrugadores acogen con alegría y generosidad la incorporación a esta corriente de vida de comunidades diocesanas, las que madrugan en capillas o sedes parroquiales. Para ellos y para quienes participan activamente en el Movimiento de Schoenstatt, las palabras de Juan Pablo II, dirigidas a la Familia de Schoenstatt, en Roma el 20 de septiembre de 1985, adquieren una extraordinaria y clarificadora orientación respecto de la importancia de la fidelidad al encargo divino, a su Obra, y a la relación con el fundador, en este caso referidas al P. José Kentenich, pero que tienen plena validez para todas las personas forjadoras de historia y casos preclaros suscitados por Dios como instrumentos e hijos predilectos:
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