Junto con la celebración de los 20 años de la bendición del santuario de la Madre tres Veces Admirable de Schoenstatt de Rancagua, el día 28 de de mayo recién pasado, nuestra comunidad celebró también los 20 años del inicio de esta corriente de vida. Fueron 3 días de fiesta y celebraciones varias, que se iniciaron con la Eucaristía celebrada por el obispo de Rancagua, monseñor Alejandro Goic, el jueves 28, ocasión en que se agradeció al Señor y a la Mater por contar con este lugar de gracias, emplazado en el corazón de la ciudad y abierto a toda la comunidad. En la ocasión, se bendijo el símbolo del Espíritu Santo que fue instalado, en la víspera de Pentecostés, en el pórtico de entrada al santuario.
El viernes 29 tuvimos una cena en que nos acompañaron nuestras esposas. Compartimos gratos momentos en distintas mesas lo que facilitó el diálogo, los recuerdos, anécdotas. Imposible no recordar a Abraham Pérez, quien falleció hace muy poco, y que se une a los otros 4 madrugadores de nuestra comunidad que ya se nos adelantaron en la partida de regreso a la casa del Padre: Eduardo Ruz, Manuel Cruz, Gonzalo Bunger, Pablo Santa María.
El sábado 30 a las 23.00 hrs. iniciamos la Vigilia de Pentecostés. Tuvimos Adoración al Santísimo en el santuario. Nos distribuimos en turnos cada una hora hasta las 08.00 de la mañana del domingo. Quisimos agradecer con nuestra oración silenciosa, individual, comunitaria, con cantos –con voces afinadas y otras no tantas- al Señor por esta historia de 20 años, por la fecundidad de esta corriente de vida, iniciada tan sencillamente y sin mayores pretensiones, salvo responder a la necesidad personal de un encuentro más profundo con Dios. Agradecimos al Señor por la fidelidad y perseverancia de los primeros, por aquellos que como instrumentos, se pusieron en las manos de la Providencia para que la Gracia actuara y derramara sus dones.
Fue una experiencia comunitaria, en el espíritu de Pentecostés, implorando y esperando “la venida del Espíritu Santo. Mientras algunos cumplían responsablemente sus turnos, otros se dedicaron a cocinar para fortalecer el cuerpo y el ánimo y para no desfallecer en el ofrecimiento (o sea quedarse dormido). Un “valdiviano” o ajíaco” fue un “tónico” potente que le permitió a varios mantenerse despiertos toda la noche. El domingo por la mañana, con los que llegaron a cumplir el último turno, más los que se habían quedado, el desayuno “solemne”: huevos revueltos con longaniza fue la guinda de la torta de 3 días de celebración.
A todas las comunidades y personas que nos hicieron llegar un saludo por el aniversario, mil, gracias.
Galería 29 de Mayo
Galería Vigilia 30~31 de Mayo
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