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Conmovedor y tremendamente emotivo fue escuchar a los madrugadores de Puerto Montt acerca de las razones que les motivaban a emprender este “peregrinaje” que tenía como finalidad acompañar a Carlos Castillo, hermano madrugador de esa comunidad que estaba en Santiago sometiéndose a una quimioterapia, tratando de salir airoso –sólo si Dios así lo quiere según palabras suyas expresadas hace un tiempo atrás– de un cáncer que le tiene aquejado y entregado absolutamente en las manos de la Providencia.
Para nuestra comunidad de Rancagua fue una tremenda alegría recibir en la madrugada del 18 de julio a estos hermanos “peregrinos” muy queridos y cercanos, quienes hicieron un alto en nuestra ciudad antes de llegar a la capital.
El rosario antes de la Misa fue rezado y cantado como nunca antes lo habíamos hecho. Después de cada misterio un canto, y así hasta terminar. La Misa también fue distinta, con mucho canto; al final como 3 cantos finales dieron termino a la celebración litúrgica; podríamos haber prolongado ese momento final un buen rato más, pero había que ofrecerles un reponedor desayuno a los que habían comenzado a viajar en bus a eso de las 19.00 hrs. del día anterior desde Puerto Montt.
Luego del desayuno una breve pausa y de nuevo cantos y más cantos en torno a una estufa a leña que hay en el salón junto al santuario. Quedamos convencidos que el Buen Dios repartió en forma no equitativa estos dones en las comunidades de Madrugadores; al menos hablamos por nuestra realidad local. Si cantar es rezar dos veces, en el caso de Puerto Montt estamos convencidos que esta máxima habría que multiplicarla por varias veces más. La explicación que ellos dan es que los que ellos hacen de cada interpretación es elevar su alma en una oración cantada. Imperdible para aquellos que no han tenido la oportunidad de escucharlos “rezar”.
A eso de mediodía y luego de una mañana fraternalmente rezada y cantada, 16 madrugadores retomaron su peregrinaje para acompañar al hermano muy querido y razón de esta “nueva locura” que muchas veces nos lleva a emprender iniciativas tan heroicas, como lo fue esta de nuestros hermanos de Puerto Montt.
Octavio Galarce B.
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